
La posibilidad de que un terremoto ocurrido en una región distante pueda generar actividad sísmica en otra falla se encuentra respaldada por investigaciones científicas. Este fenómeno es conocido como “activación dinámica” o “disparo dinámico” de terremotos y es objeto de estudio desde hace décadas.
La teoría volvió a cobrar atención a partir de análisis sobre la falla de San Andrés, una de las estructuras geológicas más estudiadas y activas de California. La hipótesis plantea que las ondas sísmicas producidas por un gran terremoto pueden recorrer enormes distancias y modificar temporalmente las condiciones de una falla que ya se encuentra próxima a romperse.
¿Qué es la activación dinámica?
Cuando ocurre un terremoto de gran magnitud, libera ondas sísmicas que se propagan por el interior y la superficie de la Tierra. Al alcanzar otras regiones, esas ondas generan pequeñas variaciones de esfuerzo sobre las fallas.
En determinadas circunstancias, si una falla ya está sometida a una elevada tensión, esa perturbación podría favorecer un desplazamiento o desencadenar pequeños terremotos.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reconoce que este fenómeno puede producirse incluso a distancias superiores a los 10.000 kilómetros. Sin embargo, la mayoría de los eventos que se activan de esta manera son pequeños.
¿Qué relación tiene con San Andrés?
La falla de San Andrés presenta condiciones particularmente interesantes para estudiar este fenómeno. Investigaciones realizadas en la zona de Parkfield, California, encontraron evidencias de cambios en el comportamiento de la falla después de grandes terremotos ocurridos a considerable distancia.
Un estudio publicado en Nature analizó, entre otros casos, los efectos que tuvieron sobre la región el terremoto de Landers de 1992, ocurrido en California, y el terremoto de Sumatra-Andamán de magnitud 9,1 ocurrido en 2004. Los investigadores observaron modificaciones compatibles con cambios en la resistencia de la falla y posibles movimientos de fluidos en el subsuelo.
Además, investigaciones del USGS detectaron que las ondas sísmicas de terremotos lejanos pueden generar tremores y movimientos lentos en sectores de la falla de San Andrés. Estos procesos no necesariamente producen un terremoto destructivo, pero demuestran que una falla puede responder a perturbaciones originadas a grandes distancias.
Una falla “al borde” podría responder a una perturbación
Uno de los puntos centrales de esta teoría es que el terremoto distante no crea de la nada la energía acumulada en la falla.
La idea es diferente: una falla que ya se encuentra próxima a romperse puede recibir una pequeña perturbación adicional cuando pasan las ondas sísmicas. En determinadas condiciones, esa perturbación podría ser suficiente para favorecer un movimiento.
Los científicos estudian varios mecanismos posibles. Entre ellos aparecen los cambios en la presión de los fluidos presentes en las fracturas de las rocas, las modificaciones de la fricción y los pequeños cambios de esfuerzo producidos por las ondas sísmicas.
¿Significa esto que un terremoto puede “encender” San Andrés?
No necesariamente. La existencia de la activación dinámica no permite afirmar que un terremoto determinado vaya a provocar un gran terremoto en la falla de San Andrés.
De hecho, la investigación científica muestra que el fenómeno es complejo. Un estudio sobre el sur de California encontró que las respuestas dinámicas varían según el sector de la corteza y las condiciones locales de cada falla. Otro trabajo concluyó que los episodios de activación dinámica a grandes distancias son relativamente poco frecuentes y que no basta con observar un aumento de la actividad sísmica después de un terremoto para demostrar que existe una relación causal.
Por eso, la teoría no constituye un método para predecir cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto de San Andrés.
Una teoría que continúa bajo investigación
Los estudios más recientes muestran que la activación dinámica sigue siendo un área activa de investigación. En 2026, trabajos científicos analizaron cómo las ondas sísmicas pueden modificar temporalmente la presión dentro de los materiales que rellenan las fracturas de una falla y favorecer su debilitamiento.
En el caso de California, investigaciones recientes también encontraron que el segmento de Mojave de la falla de San Andrés se encuentra entre las zonas más susceptibles a registrar actividad sísmica inducida dinámicamente por terremotos lejanos.
¿Qué se sabe entonces?
La evidencia científica permite afirmar que los terremotos pueden influir dinámicamente sobre fallas ubicadas a miles de kilómetros. También existen observaciones concretas de respuestas de la falla de San Andrés ante terremotos distantes.
Pero eso no significa que cada gran terremoto vaya a desencadenar otro en San Andrés, ni que pueda establecerse una fecha o magnitud para un supuesto evento futuro.
La importancia de esta teoría radica, sobre todo, en que permite a los investigadores comprender mejor cómo interactúan las fallas y cómo una perturbación aparentemente pequeña puede modificar el comportamiento de una estructura geológica que ya se encuentra sometida a grandes esfuerzos.
